FAO pide considerar riesgos al utilizar semillas resistentes a plagas

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La introducción de nuevas semillas resistentes a determinadas plagas puede beneficiar a los agricultores, así como acarrear unos riesgos que se deben evaluar correctamente, indicaron hoy expertos de la FAO.
El especialista de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Wilson Hugo explicó, en un seminario, que hace falta analizar las variedades seleccionadas y adaptarlas a cada contexto.

Frente a plagas que “no respetan fronteras” como el gusano cogollero del maíz, extendido últimamente por gran parte de África, “la distribución de semillas nuevas puede beneficiar a los agricultores, pero también se puede ver afectada toda una región” si hay fallos, señaló Hugo.

Por eso, dijo, es necesario adaptar las variedades seleccionadas y seguir protocolos para analizar sus propiedades, como el de la Asociación internacional de ensayos de semillas (ISTA, por sus siglas en inglés), utilizado en la mayoría de los países.

Hugo aseguró que la FAO no introduce nuevas variedades en situaciones de emergencia, sino que utiliza proyectos de desarrollo para adoptarlas bajo el control de centros de investigación y evitar riesgos.

Las semillas certificadas, por ejemplo, son consideradas una buena opción, ya que han sido inspeccionadas en distintas etapas de producción.

La agencia de la ONU ha actualizado sus directrices para gestionar los riesgos sociales y ambientales de sus proyectos, en concreto cuando se introducen nuevos cultivos, se proporcionan semillas o se transfiere material genético para su desarrollo e investigación.

Otro de sus expertos, Álvaro Toledo, recordó que el conocido como “tratado de las semillas”, en vigor desde 2004, establece un sistema mundial para que productores, mejoradores de plantas y científicos puedan acceder a los materiales de 64 cultivos esenciales para la alimentación y la agricultura, promoviendo la conservación y el uso sostenible de los recursos.

De esta forma, es posible requerir el acceso a recursos como semillas de maíz y sorgo que tienen que ser evaluados para su adaptación en casos de lluvias erráticas o calor intenso, lo cual tiene un “riesgo moderado”, apuntó Toledo.

El sistema multilateral, que abarca unos dos millones de muestras genéticas, debería utilizarse garantizando los derechos de los agricultores que aportan los recursos, como el de recibir parte de los beneficios que obtienen las empresas que se sirven de ellos.

El Siglo de Torreón

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