Reactivación del campo

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Chiapas.- Los hombres y mujeres del campo chiapaneco y del país, sufren dramáticamente las consecuencias del abandono oficial de las últimas décadas, sobre todo a partir de la puesta en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en 1994, que obligaría al gobierno mexicano a cancelar la “política paternalista del subsidio”, que ha redundado en un estrepitoso desplome de la producción de alimentos, dejando distantes los tiempos en que el país no solamente era autosuficiente, sino también exportador.

Para 2014, México había incrementado su dependencia alimentaria tanto de Estados Unidos como de Canadá, al realizar compras agrícolas y pecuarias del 79 por ciento, que contabilizaron ese año 28 mil millones de dólares, mientras que la Unión Americana adquiría el mismo rubro un 35 por ciento y los canadienses 64 por ciento.

De acuerdo con el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria, de la Cámara de Diputados, las cifras muestran que nuestro país es más dependiente dentro de este intercambio comercial de productos agropecuarios del TLC, con el agravante de que las condiciones las ponen los otros dos “socios”.

Otra investigación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), no coincide con el monto de las ventas mexicanas de productos agropecuarios las que contabilizaba en 22 mil millones de dólares, en tanto las de los estadounidenses equivalen a 172 mil millones de dólares y de Canadá, 63 mil millones de dólares.

No obstante haber acordado trilateralmente eliminar de forma gradual los aranceles en la mayoría de sus importaciones, los productos agroindustriales mexicanos quedan en estado de indefensión al ser afectado hasta en un 350 por ciento por Estados Unidos en bebidas como el tequila, y hasta un 314 por ciento en lácteos, por Canadá, en contraste radical con los muy bajos aplicados por el gobierno mexicano.

En el inicio de la Administración de Enrique Peña Nieto, su equipo de asesores en materia alimentaria, le advirtieron que al concluir el sexenio panista a cargo de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, México se había convertido en el segundo importador mundial de alimentos, al ser desmantelado el sistema productivo agrícola por presiones estadounidenses, de tal forma que se pronosticaba que de no tomar acciones que favorecieran al campo, para 2020 desplazaría del primer lugar a Japón, como también lo auguraba el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos.

Al terminar 2012, el país importaba 40 por ciento del maíz para el consumo nacional; la mitad del trigo, 75 por ciento del arroz, casi todo el aceite y una gran proporción de carne y leche, en contraste con décadas atrás, antes del boom petrolero, cuando el 50 por ciento de las divisas provenían de las exportaciones agrícolas. Todavía hasta la década de los 80 había autosuficiencia alimentaria y se vendían al exterior los excedentes de la producción.

Hasta ahora las versiones de estudios sobre la dependencia alimentaria de México son coincidentes. Lo real en su origen radica en la caída drástica de la inversión pública en el campo, falta de créditos, bajo rendimiento de la tierra por erosión y degradación que han redundado en baja productividad en cultivos, desaparición de los precios de garantía, presencia del narcotráfico y migración motivada por la pobreza.

Un abandono que nos ubica, en cuanto a la importación de alimentos en condición de alto riesgo, considerando que se compra al extranjero 45 por ciento de los alimentos básicos que consumen 120 millones de mexicanos, muy por encima del 25 por ciento que recomienda la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Esta liberalización del sector agropecuario y el desmantelamiento del fomento agrícola, sin duda han propiciado una dependencia combinada con inseguridad en materia alimentaria. La cancelación del subsidio a los productos básicos ha repercutido en la disminución del consumo de alimentos, al encarecerse por las importaciones en dólares, lo cual se ha traducido en incremento de los niveles de desnutrición hasta llegar a los niveles de hambruna en algunas regiones de la república, especialmente rurales, que incluyen diversos e importantes grupos indígenas, entre ellos los chiapanecos.

Mayor empobrecimiento del campo y carestía de alimentos, se han convertido en México en una especie de bomba de tiempo social, que el Gobierno de la República se ha visto obligado a enfrentar con carácter de urgente en 2013, al establecer como medida de emergencia la Cruzada Nacional Contra el Hambre.

Sería en Chiapas, ancestralmente marginada por el Pacto Federal, al que se incorporó parcialmente en 1824, donde el Presidente Enrique Peña Nieto iniciaría este programa, precisamente en la Zona indígena de Los Altos, acompañado por el gobernador Manuel Velasco Coello y el creador de la idea con resultados exitosos en Brasil, el ex mandatario Luiz Inácio Lula Da Silva.

Una distinción nada honrosa, si se considera que la entidad constituye una de las más ricas de México en lo concerniente a sus recursos naturales que permiten su explotación en los ramos petrolero, gas y electricidad, esto último mediante el aprovechamiento del río Grijalva, que ha permitido la construcción de cuatro de la más grandes hidroeléctricas del territorio nacional (Angostura, Mal Paso, Chicoasén y Peñitas), que la convierten en la principal generadora de este tipo de energía a nivel nacional.

La reserva extraordinaria y única del río Usumacinta que se descarga íntegra en el Golfo de México, pasando por Tabasco, reconocido como uno de los más caudalosos del país, así como 200 kilómetros de litoral sin explotar, un puerto de altura subutilizado, maderas preciosas, ganadería, café, mango, plátano, rambután, cacao, maíz, sorgo, frijol, soya, ajonjolí, tabaco, a los que se suman sus cascadas –Agua Azul-, el Cañón del Sumidero, los grandes centros ceremoniales mayas y las ciudades mágicas, que hoy hacen de Chiapas un destino turístico importante de México.

Sin embargo, la pobreza es insultante y el hambre de sus gentes en el medio rural, igual, por lo que las acciones gubernamentales emprendidas están a la vista con resultados, si bien no satisfactorios aún, demuestran la voluntad de cambiar el panorama hasta ahora negativo.

Apenas este lunes 15 de agosto, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), anunciaría que las exportaciones agroalimentarias se elevaron a 15 mil 15 millones de dólares en el primer semestre de 2016, superando por seis mil 912.3 millones de dólares las correspondientes a la venta petrolera.

De continuar ese mismo ritmo en la segunda parte de 2016, sumaría 30 mil 30 millones de dólares, lo cual implicaría una reactivación significativa para el sector agroindustrial del país. Una buena noticia, dentro de las muchas malas generadas generadas por el ámbito gubernamental que disgustan al Primer Mandatario, como lo expresara apenas este martes 16 de agosto.

En Chiapas, en los sexenios de la “Alternancia” de Pablo Abner Salazar Mendiguchía (2000-2006), y de Juan Sabines Guerrero (2006-2012), los campesinos productores de alimentos, serían engañados e incluso obligados a cambiar sus cultivos, como ocurrió con la sustitución de decenas de miles de hectáreas destinadas al maíz, para sembrarlas de piñón, garantizando su compra para la elaboración de biodiesel.

Constituiría el mayor fraude de la historia agrícola de la entidad, al no concretarse su cosecha y quedar en el desamparo y ruina, una vez fracasada la producción del combustible supuestamente ecológico para ser utilizado inicialmente en los sistemas de transporte público en Tuxtla Gutiérrez (Conejobus), y en Tapachula (tapachultecobus). Nunca se logró elaborar un solo litro en la planta construida en Puerto Chiapas, con presupuesto millonario en dólares y asesoría del gobierno colombiano.

El registro nacional de producción de alimentos, tiene buen antecedente de los graneros chiapanecos, al ser considerados hace 36 años, como de los más importantes del territorio nacional. En la región Central, el establecimiento de la “Mazorca de Oro”, que reconocía a los mejores cosechadores del grado.

Vendría el abandono oficial, que ha tenido un costo muy alto para las comunidades ejidales costeras y de la sierra, donde los jóvenes han caído en la desesperación y tenido que emigrar a otras latitudes, incluyendo Estados Unidos, para buscar el sustento de sus familias, dejando atrás sus pueblos donde han quedado sus padres y en muchos casos sus hijos, quienes ahora esperan angustiosamente los envíos de dinero para poder subsistir, al no poder seguir sembrando sus tierras.

Uno de los aciertos más reconocidos de la actual Administración Estatal, ha sido la incorporación de José Antonio Aguilar Bodegas, como secretario del Campo, lo cual ha permitido cumplir con mayor eficacia los propósitos del gobernador Manuel Velasco Coello, para reactivar la producción alimentaria en el campo chiapaneco, poniendo especial énfasis en el retorno a la siembra intensiva en el cultivo de maíz.

Chiapas tiene con qué lograr de nuevo no únicamente su autosuficiencia, sino producir excedentes que permitan a los agricultores alcanzar niveles de vida más justos, considerando que la superficie agrícola es de un millón 450 mil hectáreas, que representan el 19.8 por ciento de la superficie estatal.

La experiencia del titular de la SECAM, como delegado en el territorio chiapaneco de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, así como su amplio conocimiento de la problemática estatal al haber sido líder del PRI en la entidad, lo mismo que diputado local y federal, líder del Congreso, como también senador, está dando resultados favorables e inmediatos en el área rural.

Convicción del gobernador, de que solamente con el apoyo directo al campesino, comprometiéndolo a producir los alimentos básicos en beneficio de sus familias, permitirá el retorno a los buenos tiempos y el alejamiento de la difícil situación económica que enfrentan.

Mayor productividad y competitividad en el campo de Chiapas, es la consigna al reunirse con los campesinos de los apartados municipios de Motozintla, La Grandeza, El Porvenir, Siltepec, Chicomuselo, Bejucal de Ocampo, Mazapa de Madero y Amatenango de la Frontera, en la Sierra Madre (Costa), donde entrega insumos a productores de maíz, lo mismo que la entrega de plantas del muy cotizado aguacate Hass, para iniciar su cultivo favorable por las condiciones climáticas prevalecientes.

Recorridos por los municipios productores de granos en la Región de la Frailesca, Jiquipilas, Las Rosas, Berriozabal, Ocozocuautla Palenque y Salto del Agua, que han hecho posible en los últimos siete meses y medio, hacer llegar sin intermediarios dos mil 300 toneladas de fertilizantes y semillas, generando mayor confianza en los hombres del campo, a quienes se ha garantizado el apoyo para la comercialización de sus excedentes y estimula para diversificar mediante la siembra de árboles de limón persa, guanabana, durazno y chicozapote, entre otros.

Buenas noticias en la entidad colindante con Centroamérica, de esas que le gustan al Presidente Peña Nieto que se difundan, para demostrar que el problema magisterial prolongado ya más de 90 días, no afecta la buena marcha de uno de los estados más pobres del país y también más atrasados educativamente.

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013.

Premio al Mérito Periodístico 2015 del Senado de la República y de Comunicadores por la Unidad A.C.

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