El campo será fuente de riqueza ante crecimiento de las ciudades

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Ante el hecho de que 80 por ciento de la población del mundo se concentrará en las grandes ciudades del mundo, el campo se perfila para convertirse en una fuente de riqueza para quienes se dediquen a la producción de alimentos, siempre y cuando se haga de manera inteligente y sostenible.

A esa conclusión han llegado expertos del campo, como el presidente ejecutivo de CropLife Latin America, José Perdomo, quien compartió con Notimex la idea que el campesino ha dejado de ser un simple productor para perfilarse a llegar a ser el nuevo “Rockefeller” del siglo XXI.

Al igual que a finales del siglo XIX, cuando el afamado petrolero amasó su gran fortuna ante el incipiente campo de la producción petrolera, hoy el campesino se encuentra ante un escenario en el que es poca la gente que se dedicará a la producción de alimentos en el futuro.

Esto, dijo, conlleva un gran reto, ya que la población mundial ha alcanzado hoy una densidad que demanda más de lo que el campo, de manera natural, le puede ofrecer para comer y subsistir en el futuro inmediato.

Si a ello se agrega que dentro de los próximos 30 años cerca de 80 por ciento de la población vivirá en las grandes ciudades, tenemos que quien se quede en el campo se encuentra ante el paradigma de “evolucionar y modernizarse o desaparecer”.

Desde luego, la gente no dejará de comer, y la misma demanda que tiene hoy de alimentos se multiplicará de manera importante en las próximas tres décadas, por lo que el que se quede a producir en el campo tendrá la oportunidad y el reto de generar ese alimento que el mundo requiere en menos tiempo y espacio de tierra.

En ese sentido, reveló que por ello la industria de la ciencia de los cultivos tiende a la innovación e invierte hasta siete mil millones de dólares anuales para producir y crear nuevos productos a lo largo de un proceso de hasta 11 años, para garantizar que a la mesa lleguen productos de calidad.

Miedo y desconocimiento, los principales enemigos del agroproductor

Sin embargo, y a pesar de este gran potencial que se vislumbra para el productor del campo, hoy en día existe grandes obstáculos que impiden que quienes se dedican a generar alimentos desde sus tierras lo hagan de manera sustentable y con una visión de innovación, lo que a la larga los puede condenar a desaparecer en el tiempo.

En ese sentido, el presidente de Protección de Cultivos, Ciencia y Tecnología (PROCCYT), José Antonio Tiburcio, reconoció que este es uno de los grandes retos a los que se enfrentan, sobre todo los productores del campo en México.

Y es que una de las condiciones que prevalece en el país es que el campo está constituido por muchos agricultores en pequeño, de manera que “tenemos un mercado hiperfragmentado” en donde el promedio de la tenencia de la tierra es de menos de cinco hectáreas.

En entrevista con Notimex, agregó que esa situación se refleja muy bien en comunidades de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, en donde hay campesinos que llegan a tener hasta dos hectáreas e incluso media hectárea, lo que hace muy difícil hacer extensionismo agrícola.

Esto es que toda una gran zona de producción unifique sus métodos para tal fin, así como las estrategias que favorezcan su aprovechamiento a gran escala, ya que se está hablando que por un gran terreno existen miles de productores trabajando de manera individual.

Expuso como ejemplo el caso del maíz, del cual en México se siembran ocho millones de hectáreas de las cuales solamente dos y media usan tecnología, mientras que la mayor parte del grano se siembra y cosecha con baja tecnología.

Como resultado de ello, el rendimiento nacional es de tres toneladas por hectárea, cuando el rendimiento nacional en países como Estados Unidos es de 10.5 toneladas por hectárea y sólo ocupando una superficie de 40 millones de hectáreas.

Al respecto, aseguró que si el país fuera capaz de incrementar su productividad en estas ocho millones de hectáreas, México sería autosuficiente en maíz y se podría exportar.

No obstante, México vive la paradoja de tener que importar este grano, a pesar de ser “el país del maíz”, en donde a diario el grano llega a las mesas en forma de tortilla, ya sea en tacos u otros productos.

Hoy en día, el tema cultural impide que muchos productores se atrevan a utilizar tecnología, con el argumento de que “así sembraba mi papá y mi abuelo y así siembro y cosecho yo”, dejando de lado la oportunidad de incursionar con nueva tecnología que le garantice una mayor producción.

Ante ello, el principal reto es demostrar a estos pequeños productores los beneficios de apoyarse en la innovación, lo que no sólo implica tecnología, sino buenas prácticas para la siembra, dejando de lado los tradicionales métodos de “roza, tumba y quema”, que tanto daño han hecho a la tierra.

De acuerdo con José Antonio Tiburcio, el primer paso es ayudar a que algunos productores comiencen a incursionar con nuevas técnicas y métodos, ya que los campesinos son personas que sólo confían en los resultados concretos.

Al respecto, José Perdomo subrayó: “El agricultor no es ningún tonto, es una persona que sabe y quiere invertir, pero quiere invertir en las cosas que le den el retorno, pero dada su experiencia, ellos son de los que no sueltan porque ‘hasta no ver no creer’”.

Pero eso es parte del esfuerzo, porque al momento que ven resultados cambian, pero para eso hay que ganar la confianza, “hay que llegar y entender la problemática”, ya que la realidad es que cada comunidad tiene una diferente dificultad y hay que entenderla para trabajar en una solución que responda a las necesidades particulares de cada lugar, agregó.

NTX

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