Reportan que bacterias marinas pueden controlar plaga en cultivo de tomate

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La bacterióloga de la Universidad Nacional de Colombia, Diana Marcela Vinchira, analizó varios tipos de bacterias recuperadas de ambientes marinos para controlar el organismo que origina el hongo en cultivos de tomates.

La especialista señaló que el objetivo de su investigación era encontrar una bacteria que evitara el desarrollo de hongos en las plantaciones y estudiar la interacción entre el vegetal, el patógeno (organismo que causa el marchitamiento vascular, en este caso Fusarium oxysporum) y una bacteria antagonista.

Durante los estudios que realizó, dijo que encontró que el fusarium penetra en la planta a nivel del suelo, ya sea por el tallo o las raíces superficiales, y luego por el sistema vascular de la planta; cuando ha penetrado ocasiona un amarillamiento en las hojas basales, que luego se marchitan y mueren.

Para ello se hizo un proceso de recolección de muestras de diferentes organismos en el arrecife coralino de los municipios colombianos Santa Catalina y Providencia y en otras zonas aledañas; ahí se tomaron muestras de esponjas, microalgas, corales, sedimentos, manglares y arena coralina, describió.

Después, expuso, fueron trasladadas al laboratorio para generar una colección de bacterias cuyas muestras se colocaron en cultivos con nutrientes que favorecían su crecimiento.

“Cuando la bacteria crecía la recuperábamos, es decir, sacábamos una colonia y la purificábamos. Luego hacíamos un banco de trabajo para conservarla en el tiempo lo más cercana posible a sus condiciones originales. La congelábamos a menos 80 grados y ahí permanecía para ser estudiada”, indicó la investigadora en la página electrónia de la Universidad Nacional de Colombia.

Para analizar el potencial de una de las bacterias, realizó un ensayo consistía en introducir el microrganismo, llamado Paenibacillus, y la planta de tomate, Solanum lycopersicum, de variedad Margoble, en una estructura llena de vermiculita, una sustancia mineral que se esterilizaba para que no tuviera ningún otro microorganismo.

“Cada día sacábamos cinco plantas e íbamos cortando la raíz, la macerábamos, hacíamos diluciones y las sembrábamos en los mismos medios de cultivo originales. En esa muestra contábamos cuanto había crecido la bacteria”, mencionó la bacterióloga.

Después de los análisis en laboratorio, precisó que se logró identificar que por ahora de las 152 bacterias estudiadas, 13 de ellas tienen capacidad de colonizar la rizósfera de las plantas de tomate y pueden ser usadas como un biocontrolador.

“Estamos realizando los ensayos a nivel invernadero con las bacterias seleccionadas para identificar cuál de ellas tiene el mejor efecto, es decir, la que más reduzca la enfermedad en los tomates. Una vez seleccionadas se realizará el estudio de interacción, ya que como se trata de una bacteria que no es de ambiente terrestre, se debe establecer si la respuesta cambia mucho en la planta”, expresó.

Vinchira puntualizó que cuando se compruebe la efectividad de las bacterias se realizará el proceso de formulación, escalamiento y generación del producto, con el objetivo de que finalmente se realice la transferencia tecnológica y llegue a los agricultores para el control de la enfermedad.

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